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7 de cada 10 mujeres afirman que padecen trastornos digestivos funcionales

Resultados de relevamiento a 600 mujeres de las principales ciudades del país, llevado a cabo por TNS Argentina y difundido por la Sociedad Argentina de Gastroenterología, revelan que un enorme número de mujeres se ve afectado, pero sólo una de cada diez realiza una consulta médica. La hinchazón, el tránsito lento, la pesadez, el estreñimiento y el dolor de estomago, entre otros, incomodan y afectan seriamente la calidad de vida. Expertos recomiendan cambios en la dieta y hábitos de vida más sanos para mejorar la salud digestiva.

12 de julio de 2011, 09:05.

7 de cada 10 mujeres afirman que padecen trastornos digestivos funcionales

En el marco de una reunión organizada por la Sociedad Argentina de Gastroenterología (SAGE), miembro de la Organización Mundial de Gastroenterología (OMG), se presentaron los resultados de un relevamiento realizado por TNS Argentina entre mujeres de las principales ciudades del país. Éste arrojó que el 69 por ciento de las entrevistadas afirma que padece trastornos digestivos funcionales.

De la investigación, que incluyó a 600 argentinas de entre 18 y 70 años, de niveles socioeconómicos ABC1, C2C3 y D, residentes en Capital Federal, GBA, Rosario, Córdoba y Mendoza,  se desprende que los principales trastornos digestivos funcionales que ellas manifiestan son la hinchazón, el tránsito lento, la pesadez, el estreñimiento y el dolor de estómago. Entre las causas, las mujeres destacan malos hábitos alimenticios en general, comer de más, alimentarse en forma apurada y exponerse a un elevado nivel de estrés.

“Los trastornos funcionales digestivos son aquellos en los cuales los síntomas crónicos que presentan los pacientes al momento de la consulta, no evidencian como causa una anormalidad estructural o bioquímica. Suelen tener un claro predominio femenino y son más frecuentes en países desarrollados. Generan elevados costos en salud, ausentismo laboral y deterioran de manera significativa la calidad de vida”, explicó el Dr. José Tawil, médico gastroenterólogo del Departamento de Patología Funcional de GEDyT (Gastroenterología Diagnóstica y Terapéutica).

En cuanto a los problemas asociados a los trastornos digestivos, el 52 por ciento de las mujeres encuestadas que los padecen se siente incómodo, al 31 por ciento le genera mal humor o enojo, al 28 por ciento le ‘duele la panza’, y el 24 por ciento se siente hinchado ‘como un globo’. Entre las principales medidas que toman, las mujeres que participaron del relevamiento mencionaron el consumo de yogures, el cuidado de la alimentación y la ingesta de agua.

La Organización Mundial de Gastroenterología ha elaborado unas guías con recomendaciones nutricionales que permiten mejorar la salud digestiva adoptando medidas simples y efectivas. Entre éstas, se encuentra el consumo de alimentos lácteos con fermentos, especialmente probióticos, que han demostrado beneficios sobre la salud digestiva.

Los productos lácteos que contienen fermentos probióticos con beneficios demostrados sobre la salud digestiva contribuyen a la función intestinal en general, pero además mejoran condiciones como el tránsito lento, la gastroenteritis, la diarrea o el síndrome de intestino irritable. Estudios científicos serios han evidenciado que determinados probióticos tienen impacto terapéutico, particularmente en algunos trastornos funcionales. “Han demostrado su utilidad en los pacientes con distensión abdominal, intestino irritable y estreñimiento crónico”, explicó el Dr. Soifer, Jefe de Gastroenterología del CEMIC.

Con respecto a la dieta, es importante evitar especialmente carnes con alto contenido en grasas (cerdo, cordero, chorizos etc.) y alimentos dulces que poseen elevado valor calórico. Pero sin lugar a dudas, la dieta debe adaptarse a cada sujeto, no puede ser universal. “El mejor tratamiento para un paciente con trastornos funcionales digestivos es una muy buena relación médico paciente. Tiempo para escuchar al paciente es la llave que abre las puertas para entender lo que le pasa y para lograr su mejor tratamiento”, remarcó el Dr. Luis Soifer.

Luego de años en los cuales se los entendió como trastornos psicológicos, agregó el especialista, “hoy en día los avances científicos permiten entender que en algunos pacientes los síntomas están más relacionados con ciertos alimentos, con las alteraciones de algunos neurotransmisores, con las variaciones que pueden sufrir las bacterias intestinales, con infecciones gastrointestinales severas y con el uso de ciertos medicamentos”.

Al respecto, el Dr. Luis Soifer, sostuvo que “podemos engañarnos a nosotros mismos, siendo adictos a muchas cosas, al trabajo, a la adrenalina de la vida agitada, a las comidas apetitosas, al café, al tabaco, al alcohol, y convencernos que estas adicciones no nos hacen mal. No obstante, al intestino no lo podemos engañar. Si queremos mejorar, debemos cambiar nuestras costumbres y formas de vida. Si con estas modificaciones no se obtienen mejorías, existen diversos tratamientos que permiten controlar o mejorar las molestias digestivas”.

En cuanto al estrés crónico, el Dr. Soifer refirió que es un factor a tener en cuenta porque produce cambios en el aparato digestivo y en el sistema nervioso. “Entre otras cosas, aumenta la permeabilidad intestinal, se incrementan las contracciones musculares del tubo digestivo, el intestino se vuelve mas sensible y esto se traduce en dolor abdominal, cambios en las evacuaciones, pesadez e intolerancia a las comidas”.

En la misma línea, el Dr. José Tawil sugirió que “la relación entre el estrés y el aparto digestivo es universal; toda persona que camina por la calle ha sentido alguna vez algún síntoma digestivo relacionado con alguna situación de stress. Los pacientes con estos trastornos, en cambio, los padecen en forma crónica. Daría la impresión de que presentan un aparato digestivo más predispuesto o sensible a este tipo de inconvenientes”.

“En el último tiempo, se ha encontrado una relación directa entre el estrés emocional y las bacterias de la microflora colónica. Ante situaciones de estrés, varía la permeabilidad intestinal y las reglas de juego entre el huésped y la flora son distintas. Ahí radica la importancia de poder tener una flora de buena calidad apoyada con una buena dieta y la inclusión de probióticos”, remarcó el Dr. Tawil.

Los trastornos funcionales afectan la calidad de vida de los pacientes de manera significativa. Tal es así que, además de generar un gran ausentismo laboral, muchos otros se sienten incómodos en sus trabajos o en sus casas, limitan su hábito alimentario y creen que los médicos no los comprenden. Los pacientes con trastornos funcionales tienen un grado significativo de ansiedad, vigilancia, anticipación a los hechos y depresión.

En opinión del Dr. Tawil, “estos trastornos son frecuentes, requieren de contención y comprensión por parte del médico, quien debe entender que no debe tratar sólo el síntoma presentado por el paciente sino también considerar sus hábitos, antecedentes, personalidad, perfil psicológico y estar al tanto de los avances de la fisiopatología para poder ser exitoso en el tratamiento”.

Estos trastornos pueden aparecer en cualquier momento del día. Varían de acuerdo al tipo de trastorno. Por ejemplo, es frecuente que quienes presentan distensión abdominal se quejen de que la hinchazón va en aumento durante el transcurso del día. En cambio, otros lo relacionan mucho con la ingesta de la comida. Lo que es habitual es que no molestan durante la noche mientras el paciente duerme.

“La mayoría de los pacientes refiere síntomas crónicos que alteran su quehacer diario y su calidad de vida, y que han motivado la visita a gran cantidad de especialistas que a su vez le han solicitado una gran cantidad de estudios sin que alguno de ellos les ofrezca un tratamiento efectivo”, destacó Tawil.


Otros datos arrojados por el relevamiento

El sondeo, difundido por la SAGE y efectuado por TNS Argentina para La Serenísima-Danone, consistió en entrevistas individuales, cara a cara, de alrededor de 70 minutos de duración cada una, con 600 mujeres de 18 a 70 años del Área Metropolitana de Buenos Aires y de las ciudades de Rosario, Córdoba y Mendoza. El trabajo de campo se realizó entre el 14 de febrero y el 2 de marzo de este año.